Al ponerse el sol la peregrina de cabello blanco
camina despacio envuelta
en el sueño de su quimera de Amor
Ignorando que éste había quedado cautivo
en un cuento de hadas, en el cantar de un ruiseñor
En el jardín de Hespérides
custodiado por un dragón.
Que las mariposas monarcas al salir el sol
vuelan hacía el lugar
donde se le rinde honra fúnebre
De forma que, a veces, se las ve
en las piedras de los arroyos andariegos
En las hojas de los árboles mecidas
por el cantar de un trovador
La peregrina había oído hablar del Amor
pero ignoraba en cual capullo de rosa entre las zarzas
en soledad expiró
