Al ritmo de una antiquísima melodía
la lluvia conocedora de todos los dioses
del canto del ave soberbio
que enseña a cantar antes de nacer a sus crías
bailoteaba sobre mi rostro
Cargando el aire nocturno de mitológicas alegorías
En cada una de sus gotas, versos en persa, juegos de la ternura
cantos liricos de muchos plenilunios
Haciéndome sentir invadida
por un aroma indescifrable de libertad
que enervaba mis sentidos
Haciendo que me olvidara que el mundo había caído
en la más atroz pasividad
permitiendo que la grandeza de la libertad fuera humillada
que acallara su voz, la más cruel de las perfidias