Una tarde me encontraba junto a mi abuelo sentado a la sombra de un roble
Por un instante me fijé en sus ojos perdidos en el horizonte
Y sentí por él una profunda admiración
Las garras de la bestial dictadura le habían arrebatado muchas cosas
Pero nunca pudieron arrebatarle su canto
Un canto que evoca sueños y pasiones
Un canto dedicado a la lealtad
transmitida por lenguaje gestual
a lo largo de generaciones
Al aroma de su pueblin, a sal de mar
a tierra fértil, a manzanos en flor, a zarzamoras
Al grito revolucionario de sus montes
que se extiende por los valles
que a la luna reverencia como a una diosa
A sus ríos cristalinos habitados por truchas, por peces de colores
por rocas ovaladas que cambian de color
cuándo son besadas por la luz del sol
A través de las nubes comenzaba a asomar la noche
y ambos emprendimos el camino de regreso por el sendero
De súbito mi abuelo comenzó a entonar su canto
en honor a sus camaradas exiliados
honrando a sus camaradas muertos
Canto arropado por la armonía del firmamento