jueves, 29 de enero de 2026

Una tarde © Julia Rubiera

 Una tarde me encontraba junto a mi abuelo sentado a la sombra de un roble 

Por un instante me fijé en sus ojos perdidos en el horizonte 

Y sentí por él una profunda admiración 

Las garras de la bestial dictadura le habían arrebatado muchas cosas 

    Pero nunca pudieron arrebatarle su canto 

Un canto que evoca sueños y pasiones 

Un canto dedicado a la lealtad 

transmitida por lenguaje gestual 

a lo largo de generaciones 

Al aroma de su pueblin, a sal de mar

a tierra fértil, a manzanos en flor, a zarzamoras 

Al grito revolucionario de sus montes 

que se extiende por los valles 

que a la luna reverencia como a una diosa 

A sus ríos cristalinos habitados por truchas, por peces de colores

por rocas ovaladas que cambian de color 

cuándo son besadas por la luz del sol 

A través de las nubes comenzaba a asomar la noche 

y ambos emprendimos el camino de regreso por el sendero 

De súbito mi abuelo comenzó a entonar su canto 

en honor a sus camaradas exiliados

honrando a sus camaradas muertos 

Canto arropado por la armonía del firmamento